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lunes, 27 de abril de 2015

N&L - Cap. 4 "El cambio ya ha comenzado"

Hola nubecitas esponjosas.

¿Que tal va todo? Yo en época de examenes y tengo a mi abuelo en el hospital, por eso tengo el blog un poco abandonado. Lo siento. Como prometí y como me sugirió Compases Rotos (<3), aquí teneis el Capitulo 4 de N&L, que ya comienza lo bueno. Un principio de capitulo con tensión.

Tampoco tengo mucho que decir. Asique no me voy a enrrollar y os dejo con la historia.
Espero que la disfruteis.
Saludos.

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Estuve todo el viernes por la mañana inquieta, incluso varios profesores me llamaron la atención. Estaba intranquila. Sabía que me olvidaba de algo, porque sentía la sensación de que algo no iba bien, pero no recordaba que me hubiera pasado nada malo, exceptuando el secuestro, pero ya hacia más de una semana de eso. No tenía sentido sentirse así.

Las clases acabaron un tanto lentas. La última clase de gimnasia, incluso con lluvia, había sido agotadora. Night parecía con bastante energía y eso nos causó agujetas a toda la clase. Como siempre, me fui con Miki hacia la esquina donde sus padres lo recogían. Nos llevábamos muy desde pequeños, ya que íbamos a clases extraescolares juntos. Hablando con él, miraba de reojo hacia mí alrededor, aun un tanto paranoica, debo admitir.

Me despedí tanto de Miki como de su madre antes de dirigirme hacia mi casa. Iba por el camino de siempre, evitando cualquier calle “sospechosa” cuando mi madre me llamó al móvil. Tan nerviosa como siempre, me pedía o más bien gritaba que no tardara en llegar a casa y que no me parara por nada del mundo. No pude evitar reírme al colgar. Su preocupación era ya exagerada. Cuando, al mirar al otro lado de la calle, la risa se me fue de golpe.

Ya estaba casi en mi calle, solo quedaba girar un par de esquinas y estaría delante de mi puerta, segura, en mi casa. Podría haber echado a correr, aunque seguramente no habría llegado muy lejos. Estaba echa polvo de la clase de gimnasia. Pestañee varias veces antes de que él sonriera.

En el otro lado de la calle, un chaval de pelo blanco como la nieve que le llegaba por los hombros, le habría confundido con Night si no fuera por ese pequeño dato. Era exactamente igual que él. Me miraba igual que él, pero… me daba la sensación de que quería devorarme. Esa sensación ya me era conocida. La misma cuando me secuestraron. La misma que en la comisaría. La misma que anoche.

Me quedé helada en el sitio, sin poder moverme, como si una fuerza superior me hubiera paralizado. No podía apartar la mirada de sus ojos azules, más oscuros que los de Night pero igual de letales. Él tampoco se movía, ni pestañeaba. Su sonrisa se ensanchó y como si de un rayo me atravesara, el dolor en el pecho volvió, consiguiendo que por fin me moviera pero para arrodillarme en el suelo, intentando controlar el dolor.

Cada segundo que pasaba me costaba más respirar y fue entonces, cuando él empezó a caminar hacia mí, con paso lento. Conseguí levantarme, a duras penas, intentando mantener la compostura. “A lo mejor él no se acuerda de nada. A lo mejor es solo mi imaginación” pensé, cerrando los ojos, intentando imaginarme en mi casa, en mi cuarto, que eso solo era un sueño y aun estaba en mi cama. Pero al abrirlos, él me miraba fijamente a solo un palmo de mí, aun en la carretera, serio.
            - Ho-hola…- dije costosamente - ¿Necesitas ayuda?

No contestó. Solo se dignó a seguir mirándome.
            - ¿Cuántos años tienes? - intenté sonreír, aunque no dio mucho resultado.

Él contestó con una media sonrisa, que solo hizo que me diera peor espina. Debía largarme, salir corriendo a un lugar más seguro, pero no podía. Algo me impedía hacerlo. Solo podía seguir mirándolo a los ojos, que parecían dos pozos sin fondo. Tragué saliva al ver que abría por fin la boca.
            - ¿Y tu? ¿No estarás intentando secuestrarme?

La pregunta me desconcertó un poco. No era muy normal que alguien preguntara eso pero la situación tampoco era muy normal, cada vez más tensa.
            - No…
            - Tengo 18 años
            - Vaya… la misma edad que yo. - contesté sin pensar
            - Oh, que interesante.

Los segundos parecían horas. Ninguno se movía, no pasaba ningún coche, ninguna persona. Parecía que no hubiera nadie más en el mundo. El silencio reinaba el mundo en ese instante, mientras él me seguía observando, como si me analizara. Yo, no podía dejar de mirar esos malditos ojos. Eran hipnóticos.
            - ¿Vives… cerca de aquí? - pregunté, intentando cortar un poco la tensión
            - No
            - ¿Y que haces por aquí?
            - Me gusta pasear - dijo mientras se acariciaba las puntas del cabello - Además, de que quería ver mi futuro instituto.
            - ¡Ah! Entonces nos veremos por ahí. Yo voy al instituto de detrás del polideportivo, ¿ese no?
            - Si… - contestó él, sin mucho esfuerzo por hablar.
            - Entonces nos veremos allí - sonreí, consiguiendo por fin la movilidad en mis piernas. - Hasta mañana.
           
Intentando disimular la rigidez de mi cuerpo, comencé a caminar lentamente, intentando no parecer desesperada por alejarme de él. Sin embargo, en cuanto di un par de pasos noté como me agarraba la muñeca con fuerza, obligándome a girarme y mirarlo a la cara, consiguiendo volver a hipnotizarme con su mirada.
            - ¿No quieres… - siseó, como si de una serpiente fuera, intentando capturar a su pera - Pasear conmigo?
            - Y-yo… Me está esperando mi madre en casa…- miré su mano en mi muñeca, asustada.
            - Entonces te acompaño - dijo al tiempo que me dejaba libre.
            - Tranquilo… - tragué saliva, intentando no volver a tartamudear. - Puedo ir sola
            - No me fío - miró hacia otro lado, perdiendo el contacto visual - Podrían  secuestrarte, Lire - me volvió a mirar, con una sonrisa en los labios.
            -Yo… nunca le he dicho mi nombre - pensé, frunciendo el ceño.

En ese mismo instante, un miedo inundó todo mi cuerpo, haciendo que temblara levemente. Me estremecí cuando su sonrisa se ensanchó al verme temblar, pero ninguno de los dos se movió. De nuevo, la dolorosa punzada en el pecho volvió y llevándome la mano al pecho, agaché la cabeza, intentando ocultar mi dolor al desconocido. Noté como se acercaba a mí, para acariciarme el pelo
            - ¿Te encuentras bien… Kirea?

Levanté la mirada al oír ese nombre otra vez y me encontré con unos ojos azules que, como si de un tornado fuera, se volvían rojos carmesí. Sentí como si me faltara el aire y una punzada aun más intensa se apoderó de mí, haciéndome gritar de dolor antes de desplomarme en el suelo.

Al instante, se escuchó un fuerte chillido de neumático y un motor a bastante velocidad que se dirigía hacia nosotros. Con los ojos entrecerrados pude ver como el chico ni siquiera se movió un centímetro aunque si que dirigió su mirada hacia donde provenía el vehículo. Yo me retorcía de dolor en el suelo. El coche se paró enfrente de nosotros, aunque pensé que nos iba a atropellar, trayendo tras de sí un olor a rueda quemada. De él, salió un chico bastante alto, de tez blanquecina y cabello negro, con unos ojos azules que conocía muy bien.

<3

sábado, 28 de marzo de 2015

N&L - Cap.3 c)

Hola queridas nubecitas esponjosas:

¿Que tal fue la semana? Yo un tanto vaga la verdad, no os voy a mentir. Fuí a ver la pelicula de "El destino de Júpiter" y para mi gusto, fue muy lenta y un tanto suelta. Quiero decir, que la historia se ataba por hilos muy finos, muy echa a la "pim pam pum", como diría mi abuela. Por lo demás, bien. Ahora vendrá la semana santa, vendrá mi prima y será un desfase jjaja (espero poder seguir subiendo historia)

Como hacía tiempo que no subía, os traigo un poco de N&L, que aunque tenía pensado subir el primer capitulo de otra historia (Premoniciones, está el prólogo en el blog) y las nubecitas seguidoras de Night y compañia no han aparecido por aquí, creo que ya toca volver a escribir de ellos. 

No me enrrollo mucho, porque estoy a contrareloj escribiendo.
Espero que lo disfruteis.
Besos

P.D. Me estoy motivando escuchando canciones muy "dance" y es raro, porque para escribir suelo escuchar bandas sonoras ajajaj.
P.D.2. El lunes subiré "Cuéntame tu historia", que ya toca jeje.

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El jueves pasó bastante rápido. Sin ningún profesor nuevo que me acosara, ni ningún revuelo en las clases, ni siquiera tuve ningún “accidente” de los míos. Realmente, estuve un tanto preocupada, ya que, el dolor punzante desapareció sin dejar rastro. Eso es bueno, claro, sin embargo, una sensación de incomodidad me rondaba todo el tiempo, sobre todo cuando estaba rodeada de mis amigos. Sentía que no debía estar ahí, que tenía que alejarme e ir a un sitio más tranquilo. Eso si que era raro en mí. Adoraba estar con mis amigos.

Pero bueno. Supongo que la adolescencia, como bien dicen, hace que uno se vuelva “raro”. Lo que fue bastante extraño ocurrió ya más entrada la tarde, casi de noche. Tenía como costumbre, pasear al perro antes de irme a dormir, porque como buen animal que es, había que pasearlo y como yo soy su ama, pues es mi deber hacerlo.

A pesar de ello, como lo del accidente estaba muy reciente, mi madre no quería dejarme sola por la noche, aunque estuviera con un doberman. Asíque, adelanté la hora de salida a eso de las siete de la tarde, que era la hora en la que el sol se ponía en el horizonte pero aun había la suficiente luz para que mi madre estuviera tranquila.

Ese día, hacía bastante frío, asíque me abrigué y atando al perro a la correa, salí de mi casa. Una ráfaga de viento se chocó contra mí nada más pisé la acera de la calle.
            - Joder, que frío. - susurré, apretando el cuello de la chaqueta. - Ni que el tiempo no quisiera que saliera de casa.

Comencé a caminar por la acera hasta la esquina y al ver que no había ningún coche, solté al perro para que pudiera correr un poco. Desde el centro de la carretera lo vigilaba, estando atenta por si venía algún vehiculo, cuando de pronto oí pasos, jadeos, como si alguien corriera hacía mí. Miré hacia varios lados pero no vi a nadie. El sonido cesó.

Llamé varias veces a mi perro, sin embargo no aparecía, asíque eché a correr hacia donde lo había visto por última vez, pero en cuanto emprendí la marcha, volví a escuchar los ruidos. Ya nerviosa comencé a correr gritando el nombre de mi doberman. Sentía como si me estuvieran persiguiendo a pesar de que no veía a nadie. Por suerte, al cruzar una esquina, me dí de bruces con “Sparky”, el cual movía la cola como si nada hubiera ocurrido.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y miré la luna, como si de un auto-reflejo fuera. Y sorprendentemente, me calmó. Respiré hondo antes de acariciar a mi perro, atarlo y girarme para volver a mi casa, cuando alcé la vista y vi a alguien en la otra esquina. Un chaval de pelo blanco que extrañamente me parecía familiar. No tenía más remedio que ir hacia ese lado y por otra parte, no tenía por que pasar nada malo.
            “No te emparanolles, Lire” dijo mi conciencia “No todas las personas que van por la calle tienen que ser secuestradores”

Emprendí el camino hacia mi casa. En apenas dos pasos hacia allí, el chico se fue hacia la izquierda, desapareciendo por la esquina contraria a mi casa. Mi pulso volvió a tener un ritmo normal cuando ya no lo tenía a la vista, consiguiendo que fuera tranquila hacia la esquina de mi calle. El perro comenzó a gruñir y sin entender porqué, tiró tan fuerte que se me escapó la correa de las manos. Fui corriendo intentando atraparlo, pero sorprendentemente Sparky estaba en la puerta de mi casa, tranquilo.
            - ¿Qué dem…? - dije extrañada, mirando hacia varios lados.

Abrí la puerta, dejando pasar al perro primero y en cuanto pisé el jardín, escuché una voz que ya había escuchado antes. Como si un susurro fuera, llevado con el viento, oí un nombre. “Kirea”. ¿Dónde había escuchado ese nombre? Oh…En la comisaría, ese pequeño de pelo blanco que estaba en el la otra acera, observándome con una sonrisa, como si  me conociera.

Me giré hacia donde se escuchaba esa voz, al otro lado de la puerta. Y en ese mismo instante, pasó un chaval con ropas oscuras que destacaban su blanquecino cabello. Olvidé de cómo respirar, sintiéndome insegura incluso dentro de mi chalet pero el chico no miró en ningún momento hacia donde estaba. Cuando lo volví a perder de vista, mis piernas por fin hicieron caso y me dispuse a entrar dentro de la casa, corriendo hacia mi habitación.

No tenía apetito, solo quería dormir y olvidarme de esa sensación. La sensación de estar cayendo en un abismo del cual no podría escapar. No podía recordar bien la cara del joven pero si su sonrisa. Una sonrisa que, sin saber muy bien porqué, me daba puro pavor. Y ese nombre de nuevo…¿Por qué cada vez que escucho ese nombre, mi pecho duele?


<3
Es corto porque el siguiente trozo es el capitulo 4 <3

viernes, 13 de marzo de 2015

HSD - Capítulo 1 - "Toda historia tiene un principio"

Hellou nubecitas esponjosas:

¿Que tal ha ido la semana? Yo un tanto decepcionante, la verdad. Pero bueno, aquí estoy en los madrigales intentando relajarme un rato mientras hago un trabajo un tanto pesado. Y ahora estoy escribiendo esto antes de irnos de fiesta por los madriles. Vamos a ver que se cuece por la capital de España.

En este trozo os paso un poco del primer capitulo de la última historia que subí al blog. ¿Porque? Pues porque me motive un poco la última vez escribiendola y quiero saber si me he pasado de rosca o si por el contrario está interesante.

Espero que lo disfruteis y que tengais buen finde.
Saludos.

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“La raza humana es repugnante”

>Esa fue la primera frase que aparece en mis memorias. Recuerdo la suave brisa teñida del basto olor a sangre. Aun mis sentidos no estaban totalmente desarrollados, por lo que la sensación no era precisamente, agradable.

Nuestra raza estaba a punto de entrar en guerra con los otros líderes ilegítimos. Los asquerosos licántropos, también llamados hombres lobo o como quiera que los llamen. No sería una guerra realmente divertida, sin embargo a nuestra raza, nos gusta demasiado la destrucción, el combate, la sangre... Se puede decir que somos una especie a la que nos gusta el sadismo, la perversión... Somos feroces y crueles por naturaleza, pero no luchamos contra nuestra esencia, porque ella es la que nos caracteriza y al igual que nuestros hermanos y enemigos, nos dejamos llevar por ella.

Y en medio de todo, como siempre, están los lindos parásitos llamados humanos. Son una raza evolutiva que lo único que causa es destrucción... Creo que por eso son nuestras dulces carnadas, nuestro alimento más preciado. Su sangre nos da vida, un atisbo de energía a estos cuerpos muertos que se rigen por el instinto de supervivencia y además ayudamos a que haya un poco menos de destrucción en este hermoso mundo.

Pero todos sabemos lo imbéciles que son los humanos ¿No?<

- Sigue sin contestar a la pregunta, Señorita Clavson

-¿No dijo que le contara desde el principio? – contestó Catherine

Con cierto nerviosismo, los científicos se miraron, acomodándose al mismo tiempo en el asiento de metal que cada uno ocupaba. El suspiro de ella les causó un escalofrío, provocando en la frívola dama una sonrisa macabra. Lentamente, Catherine se acerca al cristal que la separaba de los científicos, apoyándose delicadamente en sus blancas y finas manos.

Estaba hambrienta y en ese instante le daba igual beberse dos miserables cuerpos plebeyos de sangre amarga.

- Le preguntamos como había comenzado la guerra que causó la desaparición de su raza, Su Alteza – dijo el científico con las gafas de culo de vaso, intentando hablar con un tono de voz imponente.

Sin atisbo de temor, como si se tratara de su presa, la joven dirigió la mirada hacía el científico, relamiéndose los labios mientras se movía alrededor del cristal que los separaba. El terror se asomaba en los grandes ojos de los científicos, que comenzaban a temblar ante la provocación de la vampiresa.

"Una dulce y pícara sonrisa"
- A cambio de una botellita de sangre pura y virgen terriblemente dulzona – susurró Catherine volviendo en un grácil salto hacía su sillón. - ¿no?

No pudiendo contestar con palabras a causa del pánico, el más joven de los hombres afirmó con un ligero cabeceo de cabeza. Como si de un interruptor fuese, los ojos de Catherine se aclararon a un tono de rojo más ceniciento y los músculos de su cuerpo se relajaron, dejando entrever una dulce y pícara sonrisa.

- De acuerdo – dijo, balanceando las piernas en el borde de su cama – Comenzaré entonces por mi adolescencia, la cual fue marcada por mi concertado matrimonio.

>> La familia Clavson era la última familia sucesora de los originales, es decir, los primeros vampiros que aparecieron en este basto mundo. Mi abuelo, que en paz descanse, fue “matado” por el árbol madre o también llamado “Espino” o “Roble Blanco”, del cual esta habitación está repleta. El creó toda la sede de vampiros, junto con su hermano y otra humana, la cual mi abuelo le dio el don de convertir.

Pero, siguiendo con lo que queríais, nosotros éramos los últimos de nuestra especie. Los otros monstruos eran seres inferiores que nos eran fieles, leales y nos honraban con tal devoción, como si fuéramos dioses. Aunque debíamos andar con pies de plomo ante ellos, porque a la mínima que tuvieran la oportunidad, nos hubieran hincado el diente como al mayor de los trofeos.

Sin embargo, la sangre de licántropo es prácticamente igual de valiosa que la nuestra. No creáis que podéis manipularla a vuestro antojo, es igual de inaccesible que la mía. Solo seres como nosotros podemos succionar toda la esencia de dicha sangre. Por ello debíamos protegernos entre nosotros, o eso es lo que pensó mi querido abuelo ante las incesantes muertes que pudo observar durante tantos milenios de todas las especies vivientes y que existieron. Según él, el ancestro de los canes estuvo de acuerdo ante tal acuerdo.

Como sello de tal propuesta, los dos prometieron fidelidad, cada uno de sus respectivas razas, a que no se atacarían entre ellos y se protegerían de futuras guerras con otras razas, haciendo un matrimonio. La mujer sería vampiro, ya que tal es su rapidez, inteligencia y fuerza como la del hombre licántropo. Las vampiresas no se dejan llevar por el deseo de poder, al igual que los hombres-lobo son seres racionales ante cualquier situación. Cada raza tiene sus más y sus menos, pero somos unos rivales bastante bien compensados para la lucha.

Tal tratado tenia que cumplirse, aunque había un problema: un vampiro y un hombre lobo es imposible una relación sexual, además de que es asqueroso y repugnante. Por lo tanto, acordaron elegir una pareja cada uno para que fuera solamente su pareja sexual y en casos excepcionales, tales como la procreación de las siguientes generaciones líderes.

Mis padres, Benneth y Lilith no fueron una excepción. Aunque mi instinto me hiciera odiar a mi padre “adoptivo” por así decirlo, le cogí cierto... Respeto, o apego, como queráis llamarlo. Mi hermano, Atherton era el Jefe de 1º rango de la armada especial del equipo estrella. En pocas palabras, era el que se encargaba de la seguridad de mi familia. Su esposa Lumber, como no, licántropa, era la Jefe de 1º rango de la armada especial del equipo luna, es decir, protegía a la línea sucesora de los licántropos.

Pasando todas las formalidades y demás, ya que sabéis un poco de como estaba la cosa y queréis que vaya al grano, empezaré por el principio del problema.<<

- La rivalidad – dijo un científico
- La sed de sangre – dijo el otro científico.

Como si de una alarma se tratara, todas las cámaras de la habitación se movieron rápidamente hacia los científicos, para acabar en la risueña vampira, que aplaudía no con demasiada emoción para la que aparentaba.

- Buenas respuestas, pero no – rió Catherine al mismo tiempo que se ponía de nuevo de pie.

>> Yo estaba en pleno entrenamiento, ya entrada en la “adolescencia” como vosotros llamáis. Aunque todos los de mi familia contábamos con protección, debíamos desarrollar nuestras características sobrenaturales y saber defendernos de cualquier contratiempo. Era más bien como una tortura tanto física como mental. Nos abstenían de alimentarnos, nos clavaban estacas de distintos tamaños por diversas partes del cuerpo, hacían enfrentarnos unos a otros, en resumen, potenciar nuestra resistencia a nuestras debilidades. No tenían piedad alguna con ninguno de los que asistíamos al entrenamiento. Mi familia estaba obligada, sin embargo había muchas más familias de “nobles” que se presentaban, ya sea por el honor de su familia o por placer a servir a su patria. Los nobles eran cierta especie vampírica que solo, al igual que nosotros, se relacionaba con vampiros de su misma sangre. <<

Los científicos miraron estupefactos ante la confesión de la vampiresa.
- Os…¿os acostabais con los de vuestra misma sangre?

Ella sonrió, como si fuera algo de lo más normal del mundo. Una mueca de asco asomo en la cara del joven, consiguiendo que se levantara y se apoyara en la puerta que conducía al exterior, mareado. Catherine lo siguió con la mirada, curiosa ante su reacción. El más mayor se dirigió hacia él, preocupado.
- Si aun voy por el prólogo de la pregunta - dijo Catherine, en tono burlón. Se cruzó de piernas, aun sentada en el borde de la cama, sin apartar la mirada de sus investigadores.



<3

lunes, 9 de marzo de 2015

N&L y Fiestas.

Muuy buenas nubecitas esponojosas:

Ya se... No subí nada el viernes, lose. No me mateis por ello. Todo es porque han empezado las fiestas de la Magdalena aquí en Castellón y la semana que viene son las Fallas en Valencia (donde yo soy) asique he estado ultimando trabajos para tener estas dos semanas libres. (además de que me corté en un dedo y me duele cada vez que uso ese dedo)Tambien me iré a Madrid este fin de semana <3

El caso. Lo que quiero decir con esto es que, yo intentaré seguír mi horario de subida de historias, pero espero que comprendais el porque si algún lunes, miercoles o viernes no subo: porqué estaré o borracha o bailando o riendome por las calles de la Comunidad Valenciana. I aixó es tot, xiquetas jajaja

Bueno, como recompensa por vuestra paciencia, os voy a dar un trozo de N&L. Se que no hay mucho movimiento por el blog (ni yo me meto en otros, ni tampoco veo comentarios) pero bueno, yo continuo subiendo, que a lo mejor otros estan como yo y más adelante os gustaría leer las historietas.

Sin más dilación, aquí teneis la historia. 
Espero que la disfruteis.

P.D. Mi madrina Gema y su segundo blog, Delirios a Maquina, cumplen 5 años en la red, asique si teneis un ratillo pasaros <3

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Literalmente, me llevó a rastras hasta la cafetería. No me soltó del brazo hasta que llegamos a la puerta de la cafetería. Todo el mundo que pasaba a nuestro alrededor, tanto profesores como alumnos, nos miraba, haciendo que pasara la mayor vergüenza de toda mi vida. Ahora entiendo a mis amigas cuando las “empujo” ha hacer situaciones que según ellas son vergonzosas.

Cuando entramos en la cafetería, todas las mesas estaban llenas, como siempre. En una zona un tanto apartada, estaban las tres mesas de los profesores, aunque en ese momento, solo dos de ellas estaban ocupadas. En la última y más apartada, estaba Night leyendo algunos papeles en los cuales estaba absorto hasta que se percató de nuestra presencia, mirándome de reojo sin levantar la cabeza de las hojas. Ya al lado de la mesa, Kale me empujó suavemente a la silla que se encontraba al lado de Night, consiguiendo que me sentara y produciendo así una pequeña sonrisa a mi profesor de gimnasia.

            -
¿Tu por aquí? - ladeó la cabeza, mirándome directamente - ¿No deberías estar con tus amigos?
            - Hola profesor Night - sonreí.
            - Así me gusta - dijo, acariciando mi pelo con el dorso de su mano - Educada como debe ser. Pero no has contestado a mi pregunta.
            - Pues…- miré a Kale, con una sonrisa juguetona en los labios - Él me trajo hasta aquí.

Noté como Night giraba la cabeza hacia delante, donde Kale se había sentado, enfrente de nosotros. Me pareció oír un pequeño gruñido procedente de Night pero la sonrisa de Kale me distrajo.
           
            - Tranquilo, profe de Gimnasia - sonrió, casi enseñando todos sus dientes, antes de apoyar la cabeza entre sus manos - Solo estuvimos hablando en clase y quedamos en vernos aquí para que le diera unos trucos para tocar la guitarra.
            - Y - sonrió, aunque parecía bastante forzada, consiguiendo asustarme un poco. Parecía enfadado - ¿Tu has aceptado?
            - S-si, bueno… - balbuceé, a la vez que me alejaba- U-un profesor solo quiere lo mejor para el alumno, ¿n-no?

Miré a Kale, intentando buscar su apoyo para corroborar la excusa pero había cerrado los ojos. E incluso oí un pequeño ronquido, una respiración bastante fuerte que me dejó sin habla. Se había dormido en apenas unos segundos y me había dejado a mí con el problema que había creado él.

"Su sonrisa de ensanchó antes de apartar su mirada"
            - Ah… Siempre igual.- dijo antes de apoyar el codo en la mesa para poder apoyar su menton en su mano - Depende de que profesor - sonrió - No todos son tan amables o de fiar… Algunos pueden parecer pequeños animalitos tranquilos…

Se acercó a mí, consiguiendo que mi piel se erizara ante su presencia tan cercana. Su sonrisa se ensanchó antes de apartar su mirada.

            - Aunque en realidad son fieras que te pueden atacar en cualquier momento.

Un golpe seco en la mesa me sobresaltó, haciendo que cogiera una gran bocanada de aire al mismo tiempo que boté en mi silla. Me giré hacia el creador de dicho sonido y Kale estaba mirándonos con el ceño fruncido. Acto seguido sonó la campana que indicaba que había finalizado el recreo. La risa de Night se fundió con la agradable melodía de la sirena, consiguiendo relajarme. Solo un poco.

            - No me puedo creer que ese pelmazo no haya llegado todavía - suspiró Kale, levantándose de la silla con gracilidad - Yo me voy. - coge el abrigo pero antes de irse, coge su maletín y saca unas hojas, tendiéndomelas antes de soltarlas encima de la mesa - Aquí están las hojas. Ya me dirás que tal.

Cuando se marchó por la puerta, perdiéndose entre la multitud, aun estaba cogiendo aire. No conseguía entenderlo. En realidad, ni a él ni a Night. No actuaban como los demás profesores y eso no sabía si era bueno o malo. Sin darme cuenta, dirigí la mirada hacia Night. Conseguí evadirme por unos segundos de todo el jaleo de alrededor y observar a mi nuevo profesor un poco más a fondo. Su cara impoluta daba la impresión de que tenía el tacto del terciopelo y su pelo, un tanto revuelto, relucía con la luz de los neones. Parecía sacado de un cuadro.

Automáticamente levanté el brazo, intentando tocarlo, pero paré en seco cuando su mirada se clavó en mi mano. Una mirada que inspiraba puro terror, una llamada de alerta, y que me paralizó en el mismo instante que entró en contacto conmigo. No sonreía, pero no me daba la sensación de que aun que parecía un animal salvaje apunto de atacar, no me iba a hacer daño.

            - ¿Pasa algo Lire?

Negué con la cabeza, lentamente, intentando despejarme un poco. “Solo estoy un tanto sorprendida ante los profesores de hoy en día” pensé, volviendo a mirarlo sin levantar del todo mi cabeza. Él dibujó una medía sonrisa antes de contestar a mi confesión no formulada.

            - Aun no has visto a todos los profesores nuevos.

Sobresaltándome ante su declaración, me levanté de la silla. Las pocas personas que quedaban en la cafetería se nos quedaron mirando, un tanto extrañados. Normal. Ya era yo rarita de normal, junto con este tipo y el otro profesor, no puedo imaginarme que creían los demás. Él se levantó de la silla, tranquilamente, recogiendo sus hojas al mismo tiempo. Debía admitir que el chico no estaba mal y tampoco me sacaba tantos años.

“Lire, por favor, que es un profesor. No lo conoces de nada y ya estás pensando en cosas cochinas”
            - Pero también me salvó la vida - pensé, discutiendo con mi conciencia.

Alcé la cabeza y ví su sonrisa. Si. Esto me iba a traer algunos problemas. Y parecía que él sabía exactamente lo que estaba pensando.

            - Creo que ya va siendo hora de marcharse. Es inútil esperar a Nail - suspiró - Joder, es su primer día.
            - ¿Nail? Será el nuevo profesor de plástica, ¿no?
            - Si - abrió la puerta para que pudiera salir, que majo - Parece que estén renovando a todo el personal.
            - Bueno, la verdad es que la mayoría del profesorado son bastante mayores. Asíque supongo que es normal que se jubilen y entréis nuevos, ¿no?
            - Claro - sonrió - Así puedo vigilar que no te ocurra nada - susurró.
            - ¿Cómo? - no sabía si había sido mi imaginación o realmente había dicho lo que creí haber oído.
            - Que vas a llegar tarde. - dijo, dándome un leve impulso en el hombro - Adiós.

Le miré su espalda, más ancha de lo que creía que era. Sin poder evitarlo me sonrojé, al tiempo que entrecerré los ojos empezando a caminar hacía mi clase. De todas maneras, mi profesor, Nail, no había venido, asíque tampoco tenía mucha prisa. De pronto, alguien me cogió del brazo, balanceándome un poco, sin llegar a conseguir que perdiera el equilibrio.

            - ¿Por qué estás tan roja? - dijo Samuel, tocándome con el dedo índice la cara.- No me dirás que aquí ha pasado algo…
            - ¿Pero que estás diciendo? - dije, librándome de su agarre- Aquí ni ha pasado nada ni nadie está roja.
            - Claro, claro. - sonrió - Espero que la princesa no se enamore del héroe que la salva, sobretodo porque es su profesor.
             - ¡Estupido!

Le empujé mientras Samuel estallaba en carcajadas mientras le acompañaba a su siguiente clase, ya que me pillaba de camino. Ya en la puerta de su clase, intentó tranquilizarme un poco. Ya había conocido a dos profesores raritos, nadie me daba la seguridad de que este fuera diferente, sobre todo porque Night lo conocía.

Y como había dicho, no apareció. En fin. Se me pasaron las horas lentas, con suerte de que tuve una hora libre en la biblioteca donde me relajé escuchando música en el mp3. Ya después de que sonara el último timbre, me dirigí hacia la salida donde me encontré a Sofía y estuvimos hablando un rato hasta que chocamos contra Nacho.

            - Venga, Lire. Confiesa. - dijo Sofía, sonriente, levantando las cejas - ¿Qué te llevas con el profesor Kale?
            - Tía, en serio, solo me estaba dando unas partituras.
            - Si, ya y yo me lo creo. Pensaba que no te gustaba cerca de Night por, ya sabes que.
            - ¡Agh! - levanté las manos, riéndome - ¿Por qué todo el mundo me contradice?

Me fui hacia el grupo, pero justo cuando iba a tocar el hombro de Miguel, una fuerte punzada en el pecho me obligo a parar de respirar. De repente, el mundo comenzó  a inclinarse y llevándome la mano en el pecho, me paré en seco. Noté esa extraña sensación que había notado el día de mi secuestro. Empecé a sentir nauseas cuando escuché una conversación entre Sofía y Nacho, que supuestamente no debería oír.

            - Nacho, Lire me preocupa.
            - ¿Por qué? Yo la veo como siempre
            - Creo que le tema del secuestro y esos profesores nuevos. Vamos sabes que es demasiada casualidad. Mira.
            - Oh… ¿ese no es Night?
            - Desde que hemos salido, ha estado observando a Lire todo el tiempo. ¿No te parece raro?
            - Vamos, seguro que son imaginaciones tuyas.

Oí su nombre de la voz de Naomi. Alcé la cabeza, sudando, realmente mareada, cuando noté como desaparecía el dolor rápidamente. Pestañeé varias veces. Sofía me tocó el hombro y la miré, un tanto sorprendida, aunque su rostro denotaba más sorpresa.
            - ¿Te encuentras bien?
            - Si… Creo que sí.
            - Vamos, Lire - dijo Miguel - Que nos estarán esperando en la esquina.

Me fui con Miguel, intentando asimilar lo ocurrido. Había escuchado una conversación que estaba a varios metros de distancia. No creo que eso fuera normal. Sentía aun un leve dolor en el pecho, pero la rareza de la situación ocupaba todos mis pensamientos. De nuevo, Night estaba dentro de lo ocurrido, de las cosas extrañas que están ocurriendo en mi vida. ¿Por qué? ¿Qué me está ocurriendo?

lunes, 2 de marzo de 2015

N&L - Cap. 3 a)

Holaa nubecitas esponjosas:
Yo pensando donde metí la obra.

¿Que tal va el lunes? Yo por culpa de una cama nueva y más dura que una piedra no he dormido en toda la noche y como no, ha echo que falte a clase. Que delicada soy, leches. Pero bueno, aquí estoy, subiendo un trozo de la historia de nuestro querido Night y la patosa de Lire. El caso es que escribí esta parte hace varias semanas, pero no se donde la metí, asique la he tenido que volver a escribir (Bien...)

Bueno, voy a hacer otro blog, más personal. Este es más para dar rienda suelta a mi imaginación y que vosotros deis vuestra opinión sobre mi grado de cordura. El otro será más bien... locura siempre. Pero bue, poco a poco, porque quiero poner bien el blog antes de "estrenarlo", ya avisaré por aquí o por twitter.

Siguen abiertas las preguntas para nuestros protas de N&L, tanto aquí como por twitter. Preguntar lo que querais :3

Sin más dilación, la historia. 
Espero que la disfruteis.
Saludos.

**************************************************


Tocó el timbre y toda la clase comenzó a salir a empujones, mientras Kale recogía sus papeles. Fui a mi silla y cogí la mochila, un tanto decaída. ¿Por qué todos los profesores nuevos la habían tomado conmigo? Ya fuera de la clase, alguien tocó mi hombro. Era Begoña con unas hojas que me había dejado.
           
-         ¿Estás bien?
-         Si, tranquila. ¡Ah! – de pronto, unas manos se colocaron en mis ojos, impidiéndome ver - ¿Quién es?
-         Alguien… - dijo una voz detrás de mí. Una voz que conocía muy bien.
-         Samuel… - dije sonriente. Me giré y ahí estaba él sonriente - Ven aquíiii

Le abracé por el cuello, como tan acostumbrado lo tenía. Me rodeó la cadera despacio, como siempre. Nos separamos rápidamente y, junto con Begoña, fuimos caminando por el pasillo, junto con las demás personajes del instituto, hacia nuestra siguiente clase.
           
-         ¿Cómo te encuentras hoy?
-         Cansadísima… Ya te conté lo de ayer… Pero bien ¿Tu qué tal?
-         Ya… Yo bien. – me cogió del brazo, intentando hablarme solo a mí -  ¿Te has dado cuenta de que cada vez los profesores nuevos son más jóvenes?
-         Si…

Fue una pequeña tontería lo que había dicho Samuel, pero tenía razón. No sabía cuántos años tenía Kale, pero parecía de la edad de Night y creí haber oído que había otro profesor nuevo. Samuel tiró de mía, obligándome a parar y retirándome de mis pensamientos.
           
-         Hey… ¿Seguro que estás bien?
-         Si si, tranquilo… - sonreí y divisé detrás de él a Ferrán y Fede - ¡Hola chicos!
-         Buenaas – dijo Fede, acercándose a mí para darme dos besos antes de que la mano de Ferrán me revolviera el pelo
-         ¿Qué pasa, peque?
-         ¡Noo! ¡Deja mi pelo tranquilo! – dije entre risas peinándomelo.

Tuvimos un minuto de risas antes de continuar cada uno por su camino. Una conversación muy trivial que solía repetirse casi todos los días con todos los amigos que me encontraba por el pasillo. Una razón más por la que siempre llegaba tarde a clase.

-         Bueno, ¿A qué piso vas?
-         Al de abajo del todo. ¿Tu?
-         Física y Química – dijo indicando hacía arriba con el índice antes de darme un beso en la mejilla – Hablamos en el patio, ¿Vale?
-         No hay nada de qué hablar – respondí enseñándole la lengua – Hasta luego.
-         Joder tía… - dijo Begoña, dándome un codazo – Vamos a llegar tarde no, lo siguiente.
-         ¡Lo siento! – la abracé por detrás.

Por suerte, la profesora no había llegado todavía cuando aparecimos por el pasillo. Fue una hora muy pesada, la verdad, pero llegó la hora del patio casi sin darme cuenta. Y sin pensarlo, fui directa al rincón y sin saludar a nadie en los bancos, tiré la mochila al montón, seguida de mí. Me pesaba el cuerpo como si de una roca de mil toneladas fuera. Pero cuando ya había pillado la posición cómoda, alguien me tapó el sol.

-         “Por favor, que no sea Kale…”
-         Teneemoos quee hablaaar – dijo Samuel, sonriente, tendiéndome la mano
-         Buff… No hay nada de que hablaaarr – sonreí
-         Venga va, pedazo de vaga y levántate.
-         Mira que eres pesado cuando quieres – gruñí, aceptando su mano
-         Lo se.

Comenzamos a caminar por el patio, charlando un poco de todo, sin prestar mucha atención ni a la conversación ni a lo que pasaba a nuestro alrededor. Era una buena forma de pasar el rato y de evadirte de… bueno, todo. Entonces, Samuel bufó consiguiendo que le prestara la atención que él quería.

-         ¿Qué te ocurre realmente? Estás demasiado distraída para ser tú. – dijo, saludando a un chico con la mano.
-         Bueno… Tengo muchas cosas en la cabeza – saludé con la mano a dos chicas – Demasiadas cosas en apenas tres días
-         Si, eso es verdad…
-         Y luego los profesores… No se… no me acaban de gustar.
-         ¿Eh? – se detiene delante de mí, obligándome a pararme también - ¿Es solo eso?
-         Em… Si
-         Menos mal – dijo abrazándome – Pensé que sería algo peor… Esas cosas son normales, mujer, son gente nueva…
-         Ya, claro… - sonreí – Pero suéltame, que la gente pensara mal…´
-         Me dan igual los demás, si tu estás mal, ¿de acuerdo? – dijo mirándome a los ojos antes de separarse de mí.
-         De acuerdo… ¡ah!
 



Un fuerte tirón del brazo me apartó de Samuel unos centímetros, sorprendiéndome ante tal rudeza.
Dispuesta a replicar, agité el brazo intentando desenganchándome de la mano que me agarraba pero no pude. Fruncí el ceño al descubrir que era el profesor Kale, el cual me observaba un tanto sonriente y malicioso.
            - Señorita Lire, le había dicho que en la hora del patio, es decir - dijo, aflojando la tensión de la mano pero sin soltarme - ahora, usted vendría a verme a la cafetería.

Miró a Samuel y sonrió, dejando un tanto desconcertado a Samuel.
            - Me la llevo.
            - Samuel - dije, sin poder evitar que tirara de mí.
            - Está prohibido raptar a los alumnos - excusó Samuel. No se le ocurrió otra excusa mejor, al parecer, sonriendo de medio lado como hacía siempre.
            - ¿Raptar? ¿Yo? - rió, levantando una ceja, un tanto incrédulo por la situación. - Muy buena, chaval. Hasta otra.

Cerré los ojos, intentando caminar bien mientras el profesor Kale me arrastraba hacia la cafetería. Antes de alejarme de Samuel, le oí suspirar.

            - Pobre Lire…

                                                                       ***

<3

viernes, 13 de febrero de 2015

N&L - Cap.3 "Viejos desconocidos "

¿Queee paaachaaa? Ejem.. hola nubecitas esponjosas:

Como diría auronplay (SPAM!) ¿Todo bien?¿Todo correcto? Y yo que me alegro. JAjaja
Nah, ahora en serio. Ya es viernes. Apenas quedan horas para que sea San valentin. *CHAN CHAN*
El caso, he estado todo el día escribiendo historias y borrandolas (soy una maniatica) y he escrito casi todo el capitulo tres de NYL. Gracias, gracias.

Y después de dar por culín en twitter de que iba a sacar nuevos personajes, en este trozo que os pondré a continuación solo sale uno nuevo, pero no os preocupeis... ¡Que este capitulo vienen más! Sip, conocereís a Kale y a otro más. Además, el "personaje misterioso" de la cabellera blanca, pero eso ya más al final jajaja

Y bueno, no me enrollo más. Os dejo al final una imagen que tenía de hace tiempo de como veía a Kale (un tanto elegante jajaja) y eso ajaja. 

Os informo tambien, de que mañana, como he dicho en twitter, que haré por la tarde una especie de "entrevista" a los personajes que han salido hasta ahora en la historia, por lo que, si quereis preguntarles algo, ¡Hacerlo! Tanto por comentarios como por vía twitter. 

Espero que os guste y muchas preguntas para los personajes.
Saludos

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La noche no fue precisamente tranquila. Si, llegamos a casa sin ningún tipo de complicación, hice los deberes que me habían mandado y que mis compañeros me facilitaron por email, cené, me duché y me preparé todo lo que tenía que llevarme al día siguiente al instituto. Hasta ahí bien. En cuanto toqué la cama, mi cabeza no paró de darle vueltas de nuevo a millones de preguntas.

En fin, toda la noche dando vueltas en la cama. ¿Resultado? Al día siguiente iba como un zombi por el instituto. Las dos primeras horas del miércoles pasaron sin darme apenas cuenta. Hiendo a ritmo un poco más lento que el resto de mi clase, me dirigí hacia el aula de música sin prestar atención a nada. Sin embargo, en cuanto escuché el timbre me desperté y dispuesta a correr para llegar a tiempo, me choqué contra alguien, cayéndonos los dos al suelo.

Dispuesta a pedir perdón, miré a la persona con la que me había dado un buen golpe y me sorprendí al ver un hombre de bastante altura, con una melena rubia bastante larga para ser un chico que parecía más mayor que yo. Cogió su maletín a unos metros de él y me miró. Sus ojos grisáceos, casi blanquecinos me dejaron sin habla.

-         Uff – dijo levantándose mientras se frotaba la espalda – Disculpa, ¿te encuentras bien?
-         Si, perdona el choque – me levanté recogiendo mi mochila y volviendo a la realidad – No estaba mirando por donde iba y…
-         No importa – cortó sonriente. Su sonrisa me produjo tranquilidad y asosiego. – Ya ha sonado el timbre, señorita….

Me miró expectante, esperando una respuesta. Estaba extraña por su hablar tan cortés, además de que nunca le había visto por el instituto, ni en ningún otro sitio. Llevaba un traje con camisa blanca sin abrochar, una vestimenta bastante extraña. Pestañee varias veces al darme cuenta que seguía mirando esperando una respuesta.

-         Ah, claro. – tosí – Me llamo Lire Yamnez de 1ºBachillerato A. Disculpe mi actitud – miré nerviosa a varios lados, buscando alguna excusa – Estuve ayer en la enfermería y…
-         Oh, ¿Seguro que está bien? En vez de ir a clase debería estar en su casa descansando.
-         No no, estoy bien. Solo un tanto….
-         ¿Sin vida?
-         ¿Eh?
-         Creo que debería acompañarme – me miró, aun sonriente y dio media vuelta, comenzando a andar.
-         Pero yo…
-         Tranquila, vamos hacia la misma aula.

Sin comprender que estaba ocurriendo, le seguí sin saber muy bien porqué. Llegamos al aula y, como no, todos mis compañeros estaban armando escándalo y un profesor de guardia intentaba inútilmente poner un poco de orden. Por lo que parecía, nuestra profesora de música se había ausentado. Un tanto extraño, ya iban dos profesores de baja. De todas maneras, era la época de gripes asique, tampoco le di muchas vueltas.

El chico de cabellos rubios se quedó en la puerta, pero yo, sin prestarle mucha atención, me senté junto a mis compañeras las cuales me hicieron señas para que fueran. Algunos de los alumnos comenzaron a bajar la voz, cuchicheando por el hombre con el que había llegado. El profesor de guardia se dio cuenta de su existencia y fue a hablar con él, apenas unos minutos. Seguidamente, este se fue y el “rubiales”, como decían algunas chicas, entró en el aula y colocó su maletín encima de la mesa antes de levantar la cabeza y mirarnos a todos.

-         Hola chicos y chicas. Mi nombre es Kale y soy vuestro nuevo profesor de música. Por asuntos personales, la señora María ha tenido que abandonar la escuela y yo, por consiguiente, voy a ser el nuevo profesor

Toda la clase se calló varios minutos, para después empezar un gran cuchicheo. Aun con los demás alumnos hablando, Kale dijo que no mandaría ningún tipo de trabajo por hoy. Una manera tonta de ganarse a su alumnado, pero bueno. Fue llamando uno a uno para que se colocaran a su lado y charlar un rato con ellos. Según los demás, hablaron de sus hobbies y de las vacaciones, conversaciones banales.

-         Señorita Yamnez – dijo Kale, mirándome.
-         Si.

Me levanté con rapidez. No quedaba mucho para que acabara la clase y no quería llegar también tarde a otra clase solo porque un profesor quería saber que hago a menudo. Me senté en la silla, esperando a que él dijera algo, mirando a mis pies, pero no dijo nada. Pensé que a lo mejor había hablado muy bajo y con toda la clase hablando, no le había escuchado, asique alcé la mirada.

Me sorprendí al ver que me observaba, apoyando su cabeza en su antebrazo el cual estaba encima de la mesa. Su sonrisa denotaba confianza pero había algo en él, que al igual que Night, decía que tuvieras precaución. Sus ojos grisáceos penetraban en mi cabeza, como si estuviera explorándola con violencia. Cerré los ojos un momento y al abrirlos él rio levemente. Sonreí sin darme cuenta.

-         Hola – dijo antes de bostezar al mismo tiempo que se incorporaba.
-         Hola otra vez.
-         Lo siento, soy un poco perezoso – se excusó, volviendo a bostezar – Bueno, Lire, cuéntame algo de ti que ya no sepa.
-         Bueno – dije, un tanto extraña ante su declaración – No sé, ¿Qué quiere que le diga?
-         No seas tan formal… - suspiró un tanto molesto - ¿Te gustan los gatos?
-         ¿Lo...los gatos?

Me pilló totalmente desprevenida. Él asintió, con una pequeña sonrisa, volviendo a apoyar su cabeza en su antebrazo. Una actitud un tanto extraña para un profesor… Pero tenía que responder. Después de todo, era mi profesor.
           
-         Pues… si… Tengo un siamés llamado Feli.
-         ¡Oh! –dijo incorporándose y acercándose más a mí, haciendo que varias voces de mis compañeros callaran – Esto está muy bien.
-         Ah…Si… - miré a mis compañeros, nerviosa. Ya tenía bastante con Night…
-         Parece que tus compañeras te están comiendo con la mirada

Miré a Kale, sorprendida ante esa… confesión. Seguía mirándome sonriente, esta vez con los ojos entrecerrados. Parecía que estaba disfrutando de la situación, de mí situación. Él, al igual que Night, no parecía que tuvieran la actitud de un profesor y eso hacía que creara la duda de si era de fiar o no. “No sabes nada de él y ya estás pensando mal” Pero precisamente por eso, ¿Qué sabía de él? Solo su nombre. Aunque, no sé, había algo en él, que me daba la sensación de que ya lo conocía. Y por su mirada, parecía que él también me conocía a mí.

            - Es porque usted está actuando extraño, profesor.
            - ¿Yo? – se puso lo más recto que pudo y miró a mis compañeras con amabilidad - ¿Ocurre algo, chicas?
Me encanta su pelo <3
            - No no no
            - No ocurre nada, profesor.
            - Todo bien, señor Kale.
            - Eso espero – dijo sonriente antes de mirar de nuevo – No entiendo lo que me quieres decir…
            - No importa, profe… - suspiré mientras él se recostaba en la silla - ¿Quiere saber algo más o puedo irme a mi sitio?
            - Tanta prisa… - rio Kale – Una última cosa, ¿te gusta tocar la guitarra?
            - Bu-bueno… Mi hermano mayor la toca y me ha enseñado un poco…
            - Perfecto – dijo al mismo tiempo que apuntaba en su libreta – En el patio, pásate por la cafetería y te daré unas cuantas partituras que seguro que a tu hermano le gustarán, ¿te parece?
            - No… No hace falta, Prof…
            - Entonces hecho – cortó mirando el reloj – Bueno chicos, ya es hora de irse.



¿Os pareció corto? Si quereis, añado un trozo más el Domingo. Depende de cuantas preguntas hagais jojojo

<3